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Hilario Fernández: "La mayor riqueza que uno puede cosechar es ver a un niño feliz"

En el marco del próximo cuadragésimo tercer aniversario de la Escuela de Fútbol del Club Libertad, dialogamos con su fundador y emblemático director, el señor Hilario Fernández.

Hilario Fernández: "La mayor riqueza que uno puede cosechar es ver a un niño feliz"

En el marco del próximo cuadragésimo tercer aniversario de la Escuela de Fútbol del Club Libertad, dialogamos con su fundador y emblemático director, el señor Hilario Fernández.

Próximo a cumplir 88 años de edad, Fernández ha dedicado casi la mitad de su vida a la formación deportiva y pedagógica de la juventud. En una conversación amena y profunda, repasamos los hitos de su trayectoria, sus recuerdos junto a grandes figuras del fútbol y el verdadero valor de la docencia en las categorías infantiles.

Cuatro décadas de contención y docencia deportiva.

—Don Hilario, se aproxima un nuevo aniversario de la institución. ¿Cómo fueron aquellos inicios en el año 1983?

—Así es, el próximo 4 de agosto la escuela cumplirá 43 años de actividad ininterrumpida. Todo surgió de forma espontánea en 1983, tras la organización de un pequeño torneo con motivo del Día del Niño. En aquel entonces, advertimos que existía un vacío, una falta de espacios donde los niños del barrio pudieran ser contenidos. Lo que comenzó casi como un pasatiempo o un hobby, se transformó en un compromiso de vida que asumimos y que continúa hasta el día de hoy.

—Para ejercer esta labor con menores, usted siempre ha hecho hincapié en la necesidad de la preparación técnica y pedagógica.

—Absolutamente. El trabajo con el fútbol infantil es sumamente delicado. Considero indispensable que quien esté al frente de un grupo de niños esté debidamente capacitado. No se trata únicamente de impartir conocimientos tácticos o futbolísticos, sino también pedagógicos. Hay que hacer docencia con ellos, inculcarles buenas costumbres, valores positivos y guiarlos por el buen camino.

El recuerdo de la primera promoción de directores técnicos

—Su rigor profesional lo llevó a formar parte de una camada histórica de entrenadores en la provincia.

—Sí, pertenezco con orgullo a la primera promoción de directores técnicos de la ciudad de Formosa, egresada en el año 1988. En aquella época, implicaba un gran sacrificio personal; debía viajar desde Clorinda dos veces por semana para asistir a los cursos que se dictaban en la Escuela N.º 31 de Formosa. Compartí las aulas con estimados colegas como Hugo Miño, Papi e Ilo Ibarra, entre otros, todos bajo la dirección de Próspero Benítez. Fue una etapa donde se estudiaba con mucha rigurosidad.

Entre Congresos y el descubrimiento de talentos.

—A lo largo de estos 43 años, la escuela ha cosechado innumerables logros y usted ha tenido la oportunidad de interactuar con grandes referentes del fútbol nacional. ¿Qué memorias conserva de aquellos encuentros?

—Guardo recuerdos muy gratos. Debido a mi formación, asistí a diversos congresos técnicos, como el realizado en el Estadio Mario Alberto Kempes de Córdoba. Allí tuvimos la oportunidad de interactuar y realizar trabajos prácticos con figuras de la talla del Doctor Carlos Salvador Bilardo y Timoteo Griguol.

—También existe una anécdota muy recordada en el barrio sobre el paso del Club Olimpia de Paraguay por las instalaciones de Libertad.

—Efectivamente. Durante un partido amistoso de preparación en nuestra cancha frente a Olimpia, los dirigentes de ese club y su entonces director técnico, Luis Cubilla, observaron las condiciones de Sergio Espíndola, un joven surgido de nuestra escuela. Quedaron tan impresionados que lo incorporaron inmediatamente. Sergio tuvo una carrera brillante, llegando a consagrarse multicampeón y a disputar la Copa Libertadores de América. Para nuestra institución, que recién comenzaba, fue un enorme orgullo.

El verdadero legado de una vida dedicada al club.

—Se calcula que miles de niños han pasado por sus manos en estas cinco categorías que maneja anualmente. Al mirar atrás, ¿cuál considera que es su mayor satisfacción?

—No llevo una cuenta exacta, pero son muchísimos los jóvenes que han pasado por aquí. La mayor satisfacción, y lo digo sin titubear, no se paga con dinero. El premio más grande es recorrer el país y, en cualquier control o ciudad, encontrarme con hombres grandes, profesionales o miembros de las fuerzas de seguridad, que recuerdan con afecto su paso por la Escuela de Fútbol del Club Libertad. Que a uno lo recuerden con cariño es el tesoro más importante que se puede guardar. El fútbol bien entendido brinda disciplina y esa es la esencia que intentamos transmitir.

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